La vivencia de la belleza no es algo intrascendente
Si a cualquier parte de la vida le quitas su belleza, solo queda un cascaron vacio que ansia ser llenado. Un mundo emocional pendiente de satisfacer.
Una parte de la
belleza que alimenta emocionalmente al ser humano, viene del entorno. De su
forma y aspecto. De los elementos
presentes
Si solo nos
ocupamos del aspecto practico podemos ser muy efectivos, pero nos veremos
obligados a buscar en otras partes de nuestra vida el alimento emocional que nos compense.
Nos sentiremos
tensos y ansiosos por recuperar el equilibrio perdido.
Se trata de no
ir demasiado deprisa detrás de los resultados practicos, perdiendo la nocion de
si lo que vamos haciendo nos hace sentir bien.
De recobrar la
sensibilidad y poner en valor la parte emocional de lo que vamos viviendo, a la par del beneficio material que obtenemos.
Nuestro huerto
forma parte de nuestra vida. No hay nada malo en diseñar un huerto a base de
líneas mas o menos rectas, usar herramientas sofisticadas o sistematizar las labores si con ello nos hacemos las cosas mas fáciles y lo hacemos
mas productivo.
Pero si solo
vemos la parte practica y diseñamos un esquema frio de rigidas simetrías sin
sitio para la belleza, dejamos de lado una parte de lo que colorea y da sentido
a nuestras vidas.

Habra quien
piense: Al cabo del año cuantos quilos de patatas menos cosecharé??
Y serán pocos porque procuramos usar los márgenes y
rincones. Podemos cuantificar las veces que la belleza que emana de su
existencia.nos acaricia. Cada vez que un perfume de flores nos acuna y nos
presta su magia. Cada vez que llegamos. Cada vez que durante el trabajo
levantamos la mirada.
Por no hablar de
la ayuda que nos prestan cobijando a la fauna auxiliar que nos ayudara a
mantener lejos las plagas. Y la satisfacción de echarle una mano, a la maltrecha
biodiversidad del planeta.
Jesus Arnau