Las cadenas del hábito, por lo general, son demasiado pequeñas para poder notarlas, hasta que se vuelven demasiado fuertes para poder romperlas.
Samuel Johnson

sábado, 15 de agosto de 2026

 El atajo de la cafeína

La taza humeante sobre la mesa de fórmica no era solo cafeína; era un portal que se abría con cada sorbo, un interruptor que, al alcanzar la dosis exacta de veinticuatro miligramos por decilitro en sangre, alteraba la frecuencia de su percepción.

 Todo empezó con el rumor. Al principio, eran murmullos ininteligibles en el autobús, que poco a poco intentaban organizarse en palabras concretas. Fue comprobando que no era telepatía, sino los pensamientos de los pasajeros que al ser repetidos con intensidad, producían una vibración que se expandía en el aire alrededor.  Él, con el sistema nervioso sobreexcitado por el café, lograba percibirla y decodificarla como si fueran susurros energéticos.

Pero hoy, con la cuarta taza en el estómago, el fenómeno había escalado.

Las Visiones del Tiempo

Al cruzar la mirada con un anciano en la plaza, vio sobrepuestas a su silueta, imágenes de su historia personal que veía como una película de varias capas: el niño que fue, corriendo bajo la lluvia de 1950; el joven que se despedía en una estación de tren; el peso de sus duelos grabado en las arrugas de sus manos.

La historia emanaba de la piel del anciano, aleatoria y con eventos superpuestos, que él podía observar con una claridad perturbadora.

La Geometría del Alma

Entonces, Al desviar la vista hacia una pareja discutiendo cerca de la fuente, lo que percibía se hizo más abstracto.

Frente a ellos, suspendidos en el aire, se desplegaban patrones geométricos como fractales de luz. Cruzando los datos con lo que estaba viendo y oyendo, descubrió que no eran aleatorios. ¡Eran configuraciones emocionales!

El miedo se manifestaba como una geometría dentada y autorrepetitiva, un patrón de bordes afilados que intentaba cerrarse sobre sí mismo.

La melancolía era una espiral infinita de tonos azulados que se hundía en un punto central, perdiendo energía en cada giro.

La alegría se disparaba hacia afuera en una explosión de geometría sagrada, un diseño que no intentaba retener nada, sino expandirse.

A partir de ese dia, con la práctica y la determinación, acabó entendiendo que esos fractales eran la forma cruda de la experiencia humana, el algoritmo de las emociones desnudado de lenguaje.


                                                                                      Klara Lablanca

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