El atajo de la cafeína
La taza
humeante sobre la mesa de fórmica no era solo cafeína; era un portal que se
abría con cada sorbo, un interruptor que, al alcanzar la dosis exacta de
veinticuatro miligramos por decilitro en sangre, alteraba la frecuencia de su
percepción.
Pero hoy, con la
cuarta taza en el estómago, el fenómeno había escalado.
Las Visiones del
Tiempo
Al cruzar la mirada
con un anciano en la plaza, vio sobrepuestas a su silueta, imágenes de su
historia personal que veía como una película de varias capas: el niño que fue,
corriendo bajo la lluvia de 1950; el joven que se despedía en una estación de
tren; el peso de sus duelos grabado en las arrugas de sus manos.
La historia emanaba de
la piel del anciano, aleatoria y con eventos superpuestos, que él podía
observar con una claridad perturbadora.
La Geometría del Alma
Entonces, Al desviar
la vista hacia una pareja discutiendo cerca de la fuente, lo que percibía se hizo
más abstracto.
Frente a ellos,
suspendidos en el aire, se desplegaban patrones geométricos como fractales de
luz. Cruzando los datos con lo que estaba viendo y oyendo, descubrió que no
eran aleatorios. ¡Eran configuraciones emocionales!
El miedo se
manifestaba como una geometría dentada y autorrepetitiva, un patrón de bordes
afilados que intentaba cerrarse sobre sí mismo.
La melancolía era una
espiral infinita de tonos azulados que se hundía en un punto central, perdiendo
energía en cada giro.
La alegría se
disparaba hacia afuera en una explosión de geometría sagrada, un diseño que no
intentaba retener nada, sino expandirse.
A partir de ese dia, con
la práctica y la determinación, acabó entendiendo que esos fractales eran la
forma cruda de la experiencia humana, el algoritmo de las emociones desnudado
de lenguaje.
Klara Lablanca
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